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La clordecona o el refrán triste como antídoto

Casi al final de nuestra conversación, Melyon-Reinette me dice que en Guadalupe y Martinica los pintores afrodescendientes casi nunca pintaban el mar. En las generaciones pasadas, las personas afrodescendientes de esas latitudes no sólo no lo representaban, ni siquiera se acercaban a él. Los franceses eran los únicos con el privilegio de contemplarlo como paisaje y no como escenario del crimen colonial del transporte de esclavos.

La ansiedad mundial por la crisis ecológica ha llevado a Occidente a voltear hacia las culturas originarias no occidentales para cosechar sus saberes en torno a una relación con el mundo natural basada en la reciprocidad en lugar de la explotación. Como solemos hacer, estos saberes se traducen en fórmulas romantizadas y universalizadas sin la complejidad y profundidad de sus propios contextos. ¿Pero qué sucede cuando la tierra y el mar son los dispositivos que históricamente han operado tu sentencia de muerte? A medida que las playas se erosionan, ahora aparecen los restos de personas que murieron en el camino.

La relación problemática con la tierra también tiene raíces profundas en los siglos de esclavitud, pero su episodio más mortífero y traumático inició a finales del siglo pasado y continúa activo. De 1973 a 1993, los franceses utilizaron el pesticida clordecona, altamente tóxico para los humanos, en las plantaciones bananeras de las Antillas, a pesar de estar prohibido en la mayoría de los países. El envenenamiento de los suelos y las aguas, que durará alrededor de 700 años, se expandió a toda la isla, a los animales y vegetales de consumo.
 

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Su presencia se detectó en la mayoría de la población de Guadalupe y Martinica, países que ostentan el récord mundial de cáncer de próstata.[1] Francia reconoció los daños a los trabajadores hombres de las plantaciones; sin embargo, el Estado francés nunca aceptó que los índices altísimos de infertilidad, endometriosis y cáncer de útero fueran consecuencia del envenenamiento de sus cosechas a pesar de que las mujeres también participaban en el proceso de siembra. En el momento en que intentaron someterlo a un nuevo juicio, la corte determinó que el crimen ya estaba prescrito.

Cuando la artista regresó a vivir a Guadalupe, la movilización social alrededor de este conflicto estaba muy activa, por lo que tratar las implicaciones de esta muerte lenta se volvió un tema central en su práctica. Uno de sus aliados en esta empresa es el color azul, que en el panteón del vudú haitiano está relacionado con Zacca Loa, el espíritu de la agricultura. Loa (en criollo haitiano: lwa) significa espíritu. El título de este video performance —Mwen pa priye Zacca [No le rezo a Zacca]— hace referencia precisamente a la complicada relación del cuerpo negro con la tierra y la agricultura como lugar de la violencia colonial. El instinto de supervivencia de las personas afrodescendientes ha sido alejarse lo más posible de los campos de monocultivos.

La artista busca reapropiarse de un lugar —de la plantación bananera en este caso— a través de un acto terapéutico, artístico y ritual que conjura una nueva relación con el territorio, liberada de las heridas coloniales que todavía persisten en la compleja relación económica, política y social de la isla con Francia (por ejemplo, el 90% de la economía sigue en manos de las mismas familias francesas que operaron el sistema colonial esclavista).
 

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En el video, la vestimenta es azul, las bolsas que protegen a los plátanos son azules, así como azul es su pareja de baile: una vasija de vidrio rescatada de un mercado de pulgas que la ha acompañado en sus performances y en su vida. Melyon-Reinette la considera un receptáculo de memoria que hay que rellenar y actualizar. Su relación con este objeto es un flujo de energía de ida y vuelta, la alimenta y se alimenta de ella.

A su vez, el baile se acompaña por un boulagyèl, una percusión bucal creole, y por un mélopée, un refrán triste que anuncia también en creole: Lanmizè pa dous [La miseria no es dulce]. La miseria no es dulce, pero somos portadoras de nuestra propia liberación, dice la artista tomando una cita de la poeta Assata Shakur: “We are pregnant with freedom” [Estamos embarazadas de libertad].[2] El hipnótico ritmo y la cadencia de este baile amaina la crisis identitaria que surge cuando una nacionalidad es otorgada como resultado de un proceso de colonización que les ha arrancado su conexión con la tierra. Reclamar esta conexión es un ejercicio de autodeterminación, una declaración de independencia de los fantasmas coloniales que acechan el cuerpo negro.

Alejandra Labastida

 

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[1] Tim Whewell, “‘Primero nos esclavizaron y luego nos envenenaron’: las islas del Caribe que sufren las consecuencias de un pesticida cancerígeno”, BBC News, 23 de noviembre, 2020. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-55030540

[2] Assata Shakur, “Love”, en Assata: An Autobiography, Chicago, Lawrence Hill Books, 1987, p. 130.

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Stéphanie Melyon-Reinette
Mwen pa priye Zacca [No le rezo a Zacca]
Video
05'18"
Esta pieza forma parte de las obras ganadoras de la Convocatoria #Sala10, 2025-2026

Stéphanie Melyon-Reinette (Pointe-à-Pitre, Guadalupe, 1981)
Artista y activista. Para ella, la poesía es una de sus formas iniciales de expresión. Publicó su primer poemario, Les Bleus de l'existence (2009), a partir de sus cuadernos más tempranos bajo el seudónimo de Nèfta Poetry, con el que se dio a conocer en el mundo de la poesía y el slam junto al músico y cantautor Gerald Toto (Melt In Motherland). Ha publicado otras dos recopilaciones de poesía: Ombres (Éditions Persée, 2011) y Mousmée – diario de una mujer orquídea (2013–edición trilingüe, autopublicada). En 2016 creó la compañía de danza ANAMNESIS-K con el propósito de “ir en busca de la memoria”. Actualmente, sus prácticas performativas y científicas se combinan, dialogan, se mezclan y se exploran mutuamente. Su práctica artística es multidisciplinar: danza/performance, performance cinematográfico, dibujo y poesía. Recientemente culminó una serie de residencias creativas: ArtsIceland Residency (2024), una residencia de cuatro meses dividida entre la Maison des Écritures en La Rochelle (2024) y la Cité Internationale des Arts en París (2024). Su video performance Mwen Pa Priye Zacca fue expuesto en la Bienal de Dakar, dentro de la muestra internacional que inauguró este proyecto dirigido por la curadora Salimata Diop. También presentó en vivo su performance KEPONE INDIGO el 8 de noviembre de 2024. Para el Festival International d’Art Video de Casablanca, Marruecos (2024), creó una adaptación de este videoperformance. Es la fundadora del festival YABISI SERIES • Cri de Femmes, del que ha sido curadora durante catorce años.

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Texto: Alejandra Labastida
Coordinación curatorial: M. S. Yániz
Gestión digital: Ana Cristina Sol Sañudo
Edición de contenidos: Melinna Guerrero, Roberto Barajas
Traducción al inglés: Julianna Neuhouser