Hay una sola salida… ¡Todos juntos ahora!
Una conversación entre Logan Dandridge y Alejandra Labastida


Alejandra Labastida (AL): Quiero empezar diciendo que te creo cuando dices que esta travesía está regida por el ritmo. Pero también tengo una confesión que hacer: mi atracción hacia tu trabajo no es meramente curatorial o estética, sospecho que también estoy buscando algún tipo de guía. Permíteme brindar un contexto: el número de personas desaparecidas en México ha llegado a 90,043, en su mayoría desde que el presidente Felipe Calderón declaró la guerra a los capos de la droga en 2006. En la última década han desaparecido 3,241 mujeres adolescentes (de entre 12 y 17 años), un promedio de nueve al día[1]. Mientras el gobierno se esfuerza por apenas llevar la cuenta con datos mínimos, las ONG han trabajado para recopilar la mayor cantidad de información posible respecto a las víctimas: edad, género, nivel socioeconómico, grado escolar, etc., ¡pero la categoría de raza nunca aparece! Cuando encaré a una de las ONG al respecto, me dijeron que simplemente no tenían los datos disponibles. Las fuerzas que ocultan y niegan la violencia racista en este país tienen profundas raíces en una compleja operación ideológica: la identidad nacional mexicana se creó en torno al concepto del mestizo como componente clave de la construcción del Estado mexicano desde las últimas décadas del siglo XIX hasta los años cuarenta. No abundaré en ello, pero una simplificación de esta gran mentira sonaría así: en México no hay racismo porque todos somos mestizos. Cuando preguntas en tu video “¿Cuántos futuros negros terminarán antes de comenzar?”, no hay duda de que tu pregunta se centra en las estructuras racistas que acaban con estos futuros, y esa es precisamente la gran ausente en la pregunta “¿Cuántos futuros mexicanos terminarán antes de comenzar?” Tenemos un largo camino por recorrer para, al menos, introducir la dimensión racial de las masacres que estamos presenciando. Tú pareces tener algún tipo de plan, alguna estrategia intuitiva para recorrer caminos de conmemoración hacia el presente y el futuro sin quedar paralizado, ¿puedes hablarnos de ello para que podamos tal vez tararear junto contigo?

Logan Dandridge (LD): Guiar es un lugar curioso para comenzar y es útil considerar el contexto que agregaste. No soy ajeno a la parálisis de la violencia racializada. Se siente perpetuamente nueva por la forma en que esta violencia persiste en cada paso o, como dice Christina Sharpe, por el “trabajo de vigilia” que nos ocupa de manera continua, pero también se siente siniestramente antigua y, por lo tanto, algo inquietante. Sin embargo, estoy muy feliz de que hayas conectado este conflicto con una práctica colectiva como el canto. Sí, debemos cantar, bailar y gritar a lo largo de nuestro recorrido. Es lo que nuestros antepasados hubieran querido. Me gusta pensar la memoria como un hechizo. No es que haya alguna pureza o maldad inherente en la cosa misma. Ese poder reside en su aplicación. Para los negros, la memoria se puede articular en sistemas de valores positivos y negativos. Hubo una actuación de Erykah Badu en la que ella cantó “la memoria es buena a menos que lleve al miedo”. Nunca coincidí del todo con su opinión, pero podría ser sólo una cuestión de sintaxis más que un rechazo tajante de la idea. Y ciertamente hay una precariedad en la memoria de la que soy consciente, porque la brutalidad deja un residuo muy denso. Sin embargo, también hay cierto misticismo que he encontrado en relación con estos caminos de conmemoración que no se diferencia mucho de la magia. Casi como subirse a un tranvía psicológico que te lleva a través del tiempo. Si es posible imaginar un espacio más liberado para los negros, los indígenas, un espacio antirracista, un espacio anticolonial, ¿no necesitaría ese reino acceso a todas las esferas de la memoria, no sólo a lo que trae alegría?

Algo a lo que he regresado esta semana es a esta cita de Nam June Paik en el sentido de que “la cultura que sobrevivirá en el futuro es la cultura que puedes llevar en tu cabeza”. La memoria se utiliza por necesidad como herramienta de conservación. Intento imaginar la memoria menos como un ser humano o como un comportamiento sináptico, y más como un fenómeno negro radical y transformador. La memoria en este sentido es vital para preservar el patrimonio, el idioma, el arte y otras formas de expresión cultural. Aunque obviamente hay trauma y violencia enredados en esa historia, todo es necesario. Todo ese lenguaje maravillosamente complicado debe preservarse.

AL: Has conformado una “biblioteca de supervivencia” (lo siento, no puedo evitar robar tus elocuentes títulos y textos) constituida por una especie de “ADN de imágenes” que se repiten en tus videos con diferentes permutaciones: imágenes históricas, imágenes del universo, filmaciones de cámaras de vigilancia, atletas y bailarines en acción, los sonidos y gestos del rezo y el discurso político, etc. ¿Estás jammeando con ellos? ¿Se han convertido en notas musicales? Y si es así, ¿qué notas son las imágenes del universo? ¿Qué tan cerca puedes estar de evocar el universo antes de que se rompa la ilusión? ¿Qué se revela en el ritmo de la unión de estas imágenes?

LD: Lo has captado muy bien. Todas las permutaciones se sienten realmente frágiles a veces: esta danza de átomos es líquida. Y el material en la obra te lleva por encima y hacia adentro del velo de otro mundo, o potencialmente hacia una serie ampliada de fragmentos que existen dentro de nuestro mundo. En verdad no podría afirmarlo, pero comencé esta obra tratando de identificar los hitos de nuestra civilización. Y en ese proceso de identificación, comencé a entender que algunas de las secuencias de las imágenes intentan comprender cómo hemos llegado a encontrarnos con las narrativas afroamericanas y los iconos negros que dominan esas imágenes, cómo podríamos abordarlos de manera más radical, es decir, más experimental. ¿Quizás las historias alternativas no sólo son apropiadas para la ciencia ficción? Sé que David Lynch estaría de acuerdo. Creo que estos nuevos conceptos de narratividad podrían utilizarse para explorar una polémica más profunda que critique las instituciones hegemónicas y la violencia que infligen a los marginados. En el fondo, esto es lo que espero que se revele o al menos se haga referencia por medio de la simultaneidad de imágenes y sonidos.

En determinado momento, quiero que la ilusión sea algo a lo que te enfrentes y que, en cierto sentido, te lleve a cuestionar el medio mismo. El cine es otra ilusión obvia que cuestiono con frecuencia. Hay tantas capas y tantas canciones tarareadas en bucle. Honestamente, siempre estoy en una especie de trance rítmico. Con frecuencia, escucho música en ondas. Así que la semana pasada estaba haciendo girar el álbum más reciente de SAULT y esta semana estoy desgarrado por Midnight Marauders. Ya sea P-Funk, Earl Sweatshirt, Coltrane, Etta James, D’Angelo, Rosetta Tharpe, Curtis Mayfield, etc., el jam es infinito.

AL: La mayor parte de nuestro público podría no estar familiarizado con los múltiples agentes y momentos históricos de esta biblioteca, los cuales no requerirían una explicación en los Estados Unidos. ¿Podrías compartirnos las principales referencias incluidas en Reprise y Black Continuum?

LD: En esas películas, hay varios que he utilizado con frecuencia. Los enumeraré aquí:
1962: Malcolm X aborda la brutalidad policial durante una reunión de líderes musulmanes negros.
1964: La obra de teatro Dutchman, de Amiri Baraka (también conocido como Le Roi Jones).
1966: Huey Newton describe la abusiva discriminación policial en California.
1967: El discurso del activista de derechos civiles Stokely Carmichael en Tougaloo College “We Ain’t Goin’” [No nos vamos].
1968: Bobby Seale del Partido Pantera Negra describe el asesinato policial de Bobby Hutton.
1968: Tommie Smith y John Carlos hacen el saludo del poder negro durante los Juegos Olímpicos de la Ciudad de México.
1969: Fred Hampton, vicepresidente del Partido Pantera Negra del estado de Illinois, habla sobre la revolución y el racismo.
1970: Angela Davis discurre sobre la violencia y la revolución durante una huelga de hambre en prisión.
1972: La congresista Shirley Chisholm anuncia su candidatura presidencial.

También hay fragmentos rápidos de Sam Cooke cantando, el discurso de John F. Kennedy en la Casa Blanca, Muhammad Ali hablando durante una entrevista, Martin Luther King Jr. recibiendo un extraño gesto con la mano que simulaba un disparo, Arthur Ashe ganando en Wimbledon en 1975, un video musical de ScHoolboy Q, las secuelas del asesinato de JFK, Colin Kaepernick arrodillado, protestas en Nueva Orleans y Gil Scott-Heron recitando un poema frente al monumento a Washington, en Washington, D.C.

AL: Parece haber un marco temporal definido en tu biblioteca de imágenes, al menos en lo que se refiere a imágenes históricas que creo que no van más allá de los años cincuenta (corrígeme si me equivoco). El otro lado de este marco, el futuro, abre un punto de fuga espacial hacia el cosmos, coqueteando con el afrofuturismo. ¿Puedes hablar de esto? Tal vez lo entendí todo mal.

LD: Me gusta mucho esta observación. En ocasiones, en las intersecciones entre imágenes, texto y sonido, quiero intentar alejarme del mundo para encontrar lo que hay más allá. Estoy empezando a utilizar las imágenes en movimiento menos como herramientas de provocación y más como métodos de descubrimiento. Todos los astronautas me parecen magos, y esto empieza a hacer realidad algo de ese misticismo que estaba describiendo antes. Quizás esto se confabule un poco con mi comprensión del tiempo. Pienso mucho en el potencial de las películas que no funcionan con una interpretación tradicional del orden o la linealidad. Parece haber una función en esta libertad que es liberadora en el sentido obvio, y que también ofrece un vistazo a lo que sucede entre los márgenes, lo cual tiende a ser mucho en las películas experimentales que amo y que tanto me han influido. También sugiere el potencial de la obra para funcionar en un espacio liminal que se siente un tanto más gestual de manera formal y menos anticipatorio en términos narrativos. De esta manera, el tiempo no es un marco que une todo como un confín. Puede ser como el ritmo de un tambor que nos deja espacios para bailar. Personalmente, prefiero bailar.


[1] https://www.animalpolitico.com/2021/07/mexico-90-mil-desaparecidos-no-localizados/