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De desiertos a humedales, los contextos ecológicos fuertemente afectados por procesos humanos informan y modifican los sonidos de Wastelands con resultados tan melancólicos como siniestros.

Para comprender mejor esta obra vale la pena regresar a los inicios de la carrera de Hecker, no sólo a Haunt Me, su clásico álbum de 2001, sino un poco antes, a sus dos LP publicados bajo el alias Jetone: Autumnmonia (2000) y Ultramarin (2001). Hay un evidente salto estético entre los trabajos firmados con su alias y los presentados con su nombre, principalmente en lo que se refiere a la complejidad rítmica y el uso de los beats: los ritmos de inicios de su carrera, más marcados e intrincados, son especialmente cercanos a los terrenos del techno y el IDM. Esta telaraña rítmica da una sensación de mayor celeridad, fragmentación y menor progresión armónica, en clara resonancia con obras electrónicas finiseculares como las de Aphex Twin, Boards of Canada, Autechre o Fizzarum.

En contraste, con la seguidilla de notables álbumes que publicó durante las dos primeras décadas del nuevo siglo ya bajo su nombre —Haunt Me (2001), Radio Amor (2003) y Harmony in Ultraviolet (2006) hasta llegar a Ravedeath, 1972 (2011), Konoyo (2018) y, el más reciente, Shards (2025)—es evidente que algo se modifica. Hecker abandona una red de seguridad en forma de rejilla rítmica y se coloca frente a los abismos de las texturas, los timbres y los armónicos, y a las paletas cromáticas del ambient y el noise.

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Un campo entero de experimentación se abre y con él todo un imaginario que atraviesa una docena de álbumes hasta llegar a Wastelands. Desde entonces, podríamos decir que el imaginario de Hecker oscila entre lo natural (fuegos, auroras boreales, hielo, tundras) y lo espectral (los fantasmas, los lugares vacíos de la modernidad, el tiempo suspendido).

Esta nueva composición se coloca precisamente en la coyuntura donde los despojos del paisaje desprenden una melancolía de gran belleza, acentuando aún más sus elementos posapocalípticos: los cantos casi desesperados de los animales, las vibraciones furiosas que pronto entran en sordina y los momentos donde los sonidos electrónicos se tensan. Al capturar estos entornos, Hecker se desprende de las paletas cromáticas que llenaban por completo el espacio de su obra y parece colocarse frente a frente con un momento de particular desolación planetaria, no sólo a nivel ambiental, sino social, político y acaso aural. Ante este escenario, ¿cuáles podrían ser las capacidades de decodificación y acción a partir de la escucha?, ¿cómo se involucran los oídos en cambios existenciales tan radicales? Wastelands deja voluntariamente estas preguntas abiertas, al sostener, al menos por unos minutos, los territorios baldíos de lo sonoro.

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Tim Hecker (Vancouver, 1974)
Wastelands, 2026
Instalación sonora multicanal en loop
30’
Grabación de campo y electrónica: Tim Hecker

Curaduría: Guillermo García Pérez
Espacialización y asistencia técnica: Tobías Álvarez