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Viajes interespeciales

Una de las experiencias históricas más tentadoras, y a la vez aterradoras, es atestiguar la entrada en crisis de una época. Ya sea por la sorda acumulación infinitesimal de cambios y disfunciones o por estar en medio de un evento monumental que tira por la borda nuestras seguridades (como sucede ahora mismo en la experiencia de la pandemia), hay un momento en que estalla la coherencia de las rutinas y los prejuicios que dotan de sentido a una época. El hilván que ligaba nuestra sensibilidad con distintas hipótesis sobre la sociedad y el cosmos se desata: nuestras imágenes, motivos y palabras ya no encajan.

La serie en torno a la que ha gravitado el trabajo de Julieta Aranda en los últimos seis años ha sido, precisamente, una bitácora y una meditación sobre cómo se ha derretido nuestro sentido común. Bajo el sugerente título de Rescatando mi propio cadáver (un conjunto alterno de peldaños para el ascenso a la oscuridad), Aranda ha compuesto tres filmes que proponen un ensamble donde las condiciones que rodean la emergente sensibilidad del siglo XXI se expresan en términos de una revelación mediada, libre de toda mística y de una aventura poético-científica, económico-ecológica y lo mismo geológica que introspectiva.

Estos videos, que desoyen tanto las convenciones del ensayo en video como del documental y que parecen dominar la ambición de unir arte contemporáneo con un esfuerzo intelectual, aparecen como una serie de apuntes en movimiento sobre los ejes, todavía poco nítidos, en los que devendrá la nueva subjetividad que se hará cargo de los oráculos del antropoceno.

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Estas obras son intentos por reconfigurar nuestra intuición, nuestros deseos, valores y fantasías de intercambio y relación. Pespuntes de nuevos tejidos hechos de aglutinaciones que van más allá de ser inéditas, que son radicalmente impensables, en tanto rebasan los bordes imaginarios de aquello que designamos como “horizonte”.

Dando un nuevo sentido a su entrenamiento originario como cineasta, Aranda propone una reinvención que cuestiona categorías fundamentales como la espacialidad, la producción de lo citadino y la relación entre la excavación interior de lo subjetivo y los modos de producción y autoproducción del extractivismo. En un incesante contrapunto de imágenes, aforismos e hibridaciones poéticas, estos filmes interrogan el modo en que lo indiscernible de la artificialidad y la espiritualidad enmarcan la imposible tarea de construir un futuro. De pronto, los vacíos de significado de nuestra psique se comparan con los abismos creados por la minería a cielo abierto, los ductos de los aceleradores de partículas de los centros globales de investigación y los depósitos subterráneos de bosques y animales en milenaria putrefacción.

¿Cómo podemos reemplazar a los fantasmas de la llamada “espiritualidad” si no es en torno a una mitopoética de las partículas subatómicas, como el bosón de Higgs? ¿Qué clase de política puede fundarse sobre el cadáver de la soberanía individual, que incluya el animismo fisiológico y que nos asuma como colmenas de millones de virus y microbios?

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Si aceptamos la gnoseología como un nuevo proyecto subjetivo, debemos comprender la muerte como parte del ciclo de creación y de consumo de energía constituida por carbono, y, por tanto, concebir los incontables cráteres y abismos con que horadamos la tierra en búsqueda de petróleo y minerales como los signos de un onanismo cultural y económico. La tarea, por demás compleja, que demanda el siglo es rebasar la torpe perspectiva de la excepcionalidad y pureza de la vida humana para alojar la multitud de condiciones que derivan de deconstruir un universo que todavía, a medio milenio de Galileo y de Copérnico, sigue siendo esencialmente antropocéntrico.

Al ver las meditaciones fílmicas de Aranda, he pensado en el rostro de Robert Oppenheimer mientras veía estallar la primera bomba atómica en julio de 1945 y evocaba las palabras de Vishnu en el Bhagavad-Gita: “Yo soy el tiempo, destructor de los mundos”. Aranda, al exhibir el tercer video de su serie, que un tanto proféticamente subtituló en 2019 como un ensayo sobre una “política sin oxígeno”, decidió también inscribirlo en una instalación donde, entre otras frases, aparece un fragmento de esperanza: “Nadie ha muerto jamás de contradicciones”. Ojalá que esa pueda ser nuestra divisa. Rescatando mi propio cadáver es un manifiesto por la heterogeneidad en el proyecto cada vez más inaprensible de inventar alguna clase de futuro.

Cuauhtémoc Medina

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Una cosa sucia, promiscua y maravillosa. Una conversación entre Julieta Aranda y Cuauhtémoc Medina

Cuauhtémoc Medina (CM): Empecemos por el hecho de que Rescatando mi propio cadáver (un conjunto alterno de peldaños para el ascenso a la oscuridad) es una trilogía. En 2014, cuando la Bienal de Berlín te invitó a hacer la primera parte, ¿pensaste en proponer una serie para este especial cruce de preguntas sobre la subjetividad del presente o se hicieron necesarios más capítulos? [...]


CONVERSACIÓN COMPLETA AQUÍ

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Julieta Aranda
(Ciudad de México, 1975; vive y trabaja entre Berlín y Nueva York)

En su práctica artística, Julieta Aranda crea encuentros sensoriales con la naturaleza del tiempo y la literatura especulativa. Observa la relación cambiante entre el ser humano y la tierra a través de la lente de la tecnología, la inteligencia artificial, los viajes espaciales y las hipótesis científicas. Mediante instalaciones, videos y medios impresos, se dedica a explorar el potencial de la ciencia ficción, las economías alternativas y la “poética de la circulación”. Sus proyectos desafían los límites entre sujeto y objeto al tiempo que aprovechan los encuentros fortuitos, la autodestrucción y los procesos sociales. Julieta Aranda es también editora de la revista e-flux y codirectora de la plataforma en línea e-flux desde 2003.

Julieta Aranda, Rescatando mi propio cadáver (un conjunto alterno de peldaños para el ascenso a la oscuridad)–Parte 3: Política sin oxígeno, 2018
Video
9’37’’

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Texto y entrevista: Cuauhtémoc Medina, Julieta Aranda
Curador: Cuauhtémoc Medina
Coordinación curatorial: Ana Sampietro, Jaime González
Comunicación: Ekaterina Álvarez
Gestión de medios: Ana Cristina Sol
Edición de contenidos: Vanessa López
Traducción al español: Jaime Soler Frost
Traducción al inglés: Julianna Neuhouser
Diseño gráfico: Andrea Bernal
Gestión de prensa: Francisco Domínguez, Eduardo Lomas